lunes, 30 de diciembre de 2013

Un año escrito (primera parte)



Un año que bien podría ser un name-dropping, al que no le temo, que me interesa detallar, que de a poco ha ido apareciendo aquí y seguirá dando qué hablar. Para que el peladar, en el que muchas veces creo estar, se vuelva un lazo trenzado desde mi cabeza a esta pantalla luminosa y amorosa.

Revisar el año para atrás, desde el mismo punto en que me encontraba hace un año, en la cabaña del bosque: cero de las coordenadas. Evitar el ambiente canicular de Rosario y manejar a velocidad crucero hacia el horizonte que construye una raya punzó en la panza de los médanos azules del mar, en los que puedo pensar que siempre habrá ese brillo tibio ¡Brindis! El río o el mar, la salud, la fuerza, la juventud.

Necesitaría mucho espacio para deletrear uno a uno los datos de un año (de todos los pasados). Inventariar pájaros y árboles (sus nombres científicos), topografiar terrenos, dar cuenta de los edificios y los caminos, redibujar escorzos, identificar colores, leer valor luz en el espacio y estrellar los ojos por los saturados. Las resonancias orgánicas que activan mi oído de tísica desde pianissimo a fortissimo y mi memoria (la visual, la congénita, la ancestral) se adulteran y desde atrás se leen en estado fraguado. Una evocación de recuerdos ciertos y no tanto, de recuerdos delirantes alucinados, de recuerdos biográficos. Conocimientos biológicos alrededor del mundo con cierta guache: cómo flotar distintos mares, cómo te traga el pantano en el río y cómo asar. Un canevá de líneas débiles pero muy coloridas, en el que se configuran imágenes por mayor pregnancia, contraste y saturación y armo, así, una retícula iridiscente lavada.

En cambio, el dibujo de lo relatado es nítido, xq con la escritura se termina la retentiva; una vez se escribe algo, se lo incinera de la resonancia cerebral. Escribir es formatear la cabeza. Cuando escribimos algo, ya no podremos evocarlo en la intimidad de nuestros pensamientos aguados, tendremos que leerlo entonces entre nuestros papeles.

He pasado un año sin depresión, sólo cierto spleen se ha apropiado de mí, es decir he estado estable; me he peinado todos los días, he organizado la tristeza a favor de saber estar: del adagio al vivace. ¿Marasmo desértico vs vergel macilento? Lo último por favor, e intravenoso.

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