martes, 12 de noviembre de 2013

Sábado


Todavía vive el sol en aguaribay, ocre el cañaveral
las totoras aprietan el agua en que nadamos
podría ser lo mismo abrazarnos que flotar, o
flotamos cíclicamente y nos abrazamos
¡qué alegría!
Este sábado he vuelto a la verdad del verso, a la juventud acechando. Veo atentos fotocromáticos, traslúcidos, ojos de amor que me profesan entre circunvoluciones. El miedo acertadamente resuelto por el telón de la discreción. Felicidades.
Tibios.
Otro festejo: he vuelto a leer testimonios de sabiduría en mis mujeres más adoradas del verso, leo:

Me importa el futuro de los otros
de lo mío los recuerdos

estreno el pulóver que me regalaste
siento que me abrazás

Esta poeta, que me parte al medio el esternón, también se anima a escribir un poema que se llama Los poetas de los días, y repasa una agenda de lectura en la que incluye mujeres vivas y muertas y hombres muertos. HOMBRES MUERTOS. Alejandra Benz me deja pensando que a mí me gustaría escribir estos mismos poemas, pero con los poetas vivos. Un listado que no sea un poema pero que sea una lista de poetas. Una novela con poetas vivos. Escribir una enciclopedia de conocimiento poético, un compendio completo de anuncios, de bestialidades, de desastres sostenidos. Pautas poéticas de conocimiento. Similar a la pauta poética de Virginia Negri, en un cuarto de página en contratapa de UNIÓN Y AMISTAD N°4, anunciando:


Negri confiesa la serenidad. Estas poetas también saben estar en calma.
Mis anuncios, o bien mis agendas, se podrían mover entre trenzas de bufandas y pasos de baile, o en el agite del pecho al dormir en hotel Carlton en beige, o en la calle Libertad hasta las muestras de fotos, o en cómo remar desde nuestro bote amoroso a un cardumen de taruchas atacando mis pantorrillas, o ir hasta otro cardumen de camarones colorados sobre las yemas vetustas por el agua en mares ancestrales milenarios. Detallar la universidad de la vida [sic] C.Castaña.
Para pensar claro, y confundirse, hay que moverse por un poema.
Voy al río a encontrar mis primicias, abro los ojos para escuchar mi universo gateado estrella acebrado, me sumerjo ciega ante el abismo pardo. Tomo nota sobre mis lecturas y en este acervo tengo tres mil poemas por escribir, nado y se fijan en alguna corteza. Leo otras tantas cosas más, mientras un cortocircuito detiene mi asado, un asado con una variadita divina.

GINSBERG, NY 1958

el espejo
   de alguna ventana – al atardecer –
                      donde no tengo deseo alguno – 
de bombones –  o de poseer los trajes o las pantallas
                        japonesas de la compresión


Asado negro, lectura en parrilla. Prender una vela para releer un beatnik; en la penumbra distingo: ¡¡¡pantallas japonesas de la compresión!!!!


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