sábado, 19 de octubre de 2013

FALGOS y Michaux


Nota 1
-¿Che, de quién son esas pinturas? -
-¿Che, de quién son esos dibujos?-
-¿Esas estampas quién las hizo?-
-¿Y ese fanzine de quién es?- Veo un jarrón sin flores en la tapa.
-Qué hermoso texto, ¿quién lo firma?-
He preguntado durante años ante las inquietantes imágenes de Carla Colombo que han proliferado frente a mí en bares, tiendas, librerías, galerías, casas de amigos. Siempre, siempre, he preguntado por su trabajo. Estoy frente a un ser silencioso y technicolor, de pantone riguroso, de shablón viscoso untuoso, de teclados atentos.  Hoy entro a una sala en la que logro identificar autor y obra sin leer un puto epígrafe. Carla Colombo avanza en el plano con un atlas parsimonioso nuevamente.

Nota 2
Aparecen dos fotos: dos chicas rubias, adornadas como tortas, ¿sosias de ella misma?  Son dos chicas o es la misma chica dos veces. Me invitan las dos, de modo esquizo, a ser tres, a ser dos, a ser una, yo una década atrás. Espíritu reduccionista amplificado. Minimalismo light sórdido. Definiciones inútiles para saber ante qué estoy. Hago mis averiguaciones como al pasar en una fiesta, me informo. Concluyo: indolencia y sobredosis de erotismo para tanta confusión abúlica, gracias por esas dos fotos Renata Minoldo: esas chicas, apenas brotadas a los 20, esos colores, esos adornos pendientes, esas melenas blondas.

Nota 3
Tengo un libro sobre mi escritorio “Magia, trucos y entretenimientos” de José Ketzelman editado en 1958. La primera sugerencia del libro es la siguiente: no lea este libro como si fuera una novela; lea primero, cuidadosamente, la descripción de cada juego, siguiendo paso a paso los movimientos; luego reléalo con todos los elementos necesarios para su realización. Es decir un libro de magia requiere de pura realidad, de mecánica cuántica, para poder ser eficaz. En La cadena alimentaria litoraleña de Gastón Miranda pasa lo mismo, el ejercicio metal es idéntico. Hay un cuadro y un TV que pueden ser lo mismo (ya lo sabíamos) pero acá lo vemos, lo disfrutamos. Vemos la mesa de un mago, cosas quietas y en quinesis. Una paloma quieta, un gato voraz/activo y un hombre fregando, aspirando, que se sirve unas rayas de granos sobre un espejo: sucede el documento comprimido de una época en Miranda. Un bodegón devorado, agitado, lumpen. Hay de todo, hay una paleta común, hay desmadre y felicidad en este artista.

Nota 4
Pauline Fontdevilla nuclea a estos artistas, los hace exhibir sus trabajos, los relaciona, los atomiza, los vuelve a juntar. Ejercita su anfitrionía de modo relajado y como que no se nota al hacerlo, propio de las buenas maneras y por esto es eficiente. Ella escribe al pie del texto de presentación de la muestra El sueño del estante sin fín, exhibida en la Alianza Francesa de Rosario: No hay unidad temática o formal en esta exposición, sino un mismo riesgo compartido, el de experimentar con formas y procesos nuevos. Más que una obra redonda y definitiva, se muestran campos de búsqueda abiertos a sorpresas futuras.

Nota 5
Veo la última de Lucía Puenzo, y pienso en que podría trazar un puente entre Haneke y su Cinta blanca monocroma en la víspera del horror y llegar a Wakolda teñida de celeste, distinguiendo que un hastial devastador ha cruzado todas las tierras para no dejar nada en el cuadro. Wakolda es el after de Haneke,  en modo verde esmeralda vítreo nacarado. Perfecta película para terminar la noche. Niños trepados a los árboles, del mismo modo en que vislumbrábamos el horizonte con mi hermana desde la higuera de mi abuelo pero ellos, entendiendo la posibilidad de la belleza y el horror en campo.

Nota 6
Me llama Ricci; llamo a Ricci; conversamos con alegría, le digo que he vuelto a creer en el arte contemporáneo nativo, que hay algo en el modo en que se emprenden los proyectos y los ejercicios, que está bueno detenerse en ellos. El sábado a la tarde vamos con los chicos a ver Jardín Vanzo en el CEC la expo de Georgina Ricci que promete.  A mi me hubiera gustado hacer esa obra.
Leo el material de La Magdalena de Hoy y, entre otras cosas, no dejo de ver explosión y amor al unísono. Qué que buena está la juventud cuando te agarra con la cabeza y las manos en acción.

Nota 7
Falgos para mañana arrancar el sábado con todas las luces; ya voy teniendo la temible impresión que será un viernes intenso, el primer indicio es que mi florista me prepara un ramo encantador de jazmines aún pimpollos, con hojas verdes de cera, salpicado de violetas, y sigo pensando en aquello de la lisergia de los malvones, en lo sintético de los colores ofrecidos desde las flores.
Mañana amanezco para conversar en la universidad sobre el mercado editorial con colegas de lujo, y espero estar lúcida: - FALGOS POR FAVOR!-  Tomo nota de este párrafo de Henri Michaux que me resulta revelador y tranquilizador:
Las cosas son una fachada una costra. Sólo Dios es. Pero en los libros hay algo divino.
El mundo es misterio, las cosas evidentes son misterio, las piedras y los vegetales. Pero en los libros quizás hay una explicación, una clave.
Las cosas son duras, la materia, la gente, la gente es dura, e inamovible.
El libro es flexible, es suelto. No es una costra. Emana. El más sucio, el más espeso emana. Es puro. Es alma. Es divino. Además se entrega.

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