martes, 6 de noviembre de 2012

El incendio del río, Gise Cortese


Definir y clasificar las sombras de Gise Cortese (Armstrong 1982), podría ser un ensayo de trazo ilimitado. De todas maneras, me detengo en la fronda de los árboles para acercarme al trabajo sensible de la artista. La brisa se cuela, entre las hojas y genera un fenómeno cimbreante, dibujando manchas que se mecen desparejas. También podrían ser sombras coloreadas por el propio tinte de las hojas, de las ramas y de todas las refracciones comprometidas en este despliegue de doble transparencia. Estas virtudes se presentan en grado superlativo si observo árboles de hoja caduca, donde cierta colección vital, cromática y variable refleja los ciclos de las distintas estaciones del año. Y todos estos fenómenos son conspicuos al ver un sauce llorón besando el agua que reverbera entre tostada, amarilla y blanca, largando chispas de roce sobre la extensión fluvial. El cobijo, los haces de luz y los fragmentos tintineantes del río y el follaje podrían ser atinados al resultado de Gise. Para lograrlo, ella administra un procedimiento milenario junto al relato autobiográfico: 6 años de vida en la China. El tiempo de uso y el tiempo como curso, en ambos sentidos aquí, se presentan como magnitud física con celeridad cero. Ella sostiene un hábito; desguaza, sin velocidad aparente, quirúrgicamente, la materia para recrearla. Retira masa, del mismo modo que la escultura renacentista daba volumen horadando la piedra, para iluminar un nuevo cuerpo. Aquí las formas aparecen por el valor, con el claroscuro cincelado en la materia; el ligue del papel se desvanece para generar un nuevo espacio entre imperceptible y atroz. Pone en peligro la solidez de las estructuras, aniquila las certezas, como si empuñara un trépano ofreciendo espesor, albor y oscuridad a los cabellos de los ángeles en el mármol. Vence la resistencia de la materialidad. ¿Piedra, papel o tijera? Todo junto y nada a la vez. Sombras, sombras: instala paisajes en muros ciegos, generando reflejo en superficies opacas. Improvisa la compacidad del aire, incendia el agua: imposible. Gise Cortese desteje la materia, aclara la sombra, le da luz a la forma. Replica y amplía la óptica por donde espiamos el universo.


(El incendio del río se puede visitar a partir de mañana 7 de noviembre en el Museo del Diario la Capital de Rosario)


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